Esto es una de las pocas cosas que me encantan de de Santiago, el cerro San Cristóbal.La primera vez que lo subí, pensé que me iba morir por todo lo que fumo; pero la verdad es que de pronto, se volvió una especie de adicción.
Es una sensación espectacular, subirlo agotada y luego ver a la virgen ... ahí uno entiende por que hay gente que sube el K2 o los Himalayas.
Los únicos detalles son:
- primero que queda lejos ( bueno en Santiago todo es lejos) de hecho bajar en micro y metro desde la casa de mi abuela me demora 45 minutos.
- ojo con arrendar cletas abajo; en el verano con una amiga decidimos "abakanadamente" subirlos por ese medio. No crean que porque suben el cerro a pie o corriendo , subirlo en cleta es igual... se requiere mucho estado físico para subirlo en cleta.
El resultado fue penoso, no pudimos subir ni la primera cuesta entera arriba de la cleta, y ya cuando nos dimos cuenta que en realidad estábamos haciendo el loco, decidimos bajar y dejarnos caer por el cerro. Detalle, los frenos no estaban muy buenos. Mi amiga le reclamo al dueño, y luego ante la buena disposicion de este ultimo en pos de no estar ni ahi con darnos una explciacion de porque no arreglaba las bicis. Pensamos en demandarlo, llamar al sii ( para vengarnos), denunciarlo a la municipalidad, mandar cartas al mercurio,etc.
Por supuesto, al día siguiente se nos olvido todo, así que OJO porque el malechor arrienda cletas sin frenos sigue lucrando!!!
lo bueno:
- llegar a la cima y , ir agotada y de pronto ver la virgen ( es adrenalinico),observar Santiago desde la altura, tomar mote con huesillos para calmar la sed, disfrutar de la naturaleza y el paisaje, y de paso ejercitarse.
Ahora, en esta época del año no ando con mucho tiempo, y no puedo darme el lujo de perder 45 min solo en movilizacion, por ello descubrí otro lugar muy bueno cerca de mi casa para ir a correr, lo bueno es que simula en parte el san Cristóbal pues todo es en subida. Aca el dato, subir por Estoril, hasta el estadio San Carlos de Apoquindo y devolverse por Charles Hamilton.
Pasado las 9 de la noche no anda mucha gente, no hay maestros que te gritan estupideces, y los autos atropelladores los identificas claramente por la luz.
